Cuando un oso iba a ser devorado por un fiero león, un guardabosque se anticipó disparando su escopeta contra la fiera. Desde ese momento el oso agradecido porque le había salvado la vida, siguió sin descanso al guardabosque. Después de unas horas, el hombre, fatigado, se echó a dormir debajo de un árbol. El oso se sentó a su lado. Al poco tiempo, una nube de avispas empezó a revolotear alrededor de la cabeza del guardabosque. El oso comenzó a dar zarpazos contra las avispas para ahuyentarlas, pero éstas volvían una y otra vez. El animal, en el colmo de la irritación, cogió una gran piedra y la arrojó contra las avispas. La piedra fue a estrellarse en la cabeza del guardabosque, produciéndole la muerte.
Comentario
En toda relación de afecto se requiere mucho cuidado. Dicen los antiguos sabios que debemos ser tan cuidadosos como si quisiéramos acariciar las alas de una mariposa sin quedarnos con su polvillo en las yemas de los dedos. El atolondramiento perturba la relación amorosa y a veces con las mejores intenciones se puede hacer mucho daño a los demás.
Comentario de Ramiro Calle, cuento incluido en su libro "El libro del amor"
M.
sábado, 17 de abril de 2010
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